Los duendes no llegaron


Era una de los platos fuertes de la temporada de Cajasol. No en vano Jesús Méndez es una de las voces más importantes del panorama flamenco actual. Le acompañaban jerezanos de su confianza: Diego del Morao a la guitarra, Manuel Salado y Diego Montoya a las palmas. Y para que no faltase de nada, traía a El Farru para que pusiese unas gotas de baile gitano.





Jesús venía dispuesto a “vaciarse” y se vació. Empezó por tonás y siguió por alegrías. Hizo una estremecedora malagueña al estilo de El Mellizo. Siguió por tientos-tangos y dio paso a El Farru por soleá por bulerías. Se rompió por seguiriyas y cerró por bulerías, de nuevo con una pataíata de El Farru.





Fue un concierto pulcro, en plan maestro, pero Méndez no llegó a conectar con El Farru ni consiguió establecer con el público ese hilo mágico de comunicación que caracteriza a la experiencia jonda. El Flamenco es un arte peculiar que tiene esas cosas. Los duendes son unos seres caprichosos que unas veces aparecen y otras no y nadie sabe por qué.
                                                                                                               José Luis Navarro
                                                                                                  Fotografía: Jaime Martínez. Cajasol




La irreverente desarticulación de un mito consagrado


Carmen de Víctor Ullate (Zaragoza, 1947) se estrenó el 31 de agosto de 2017 en los Teatros del Canal de Madrid. Antes hizo una gira por el Teatro Auditorio de San Lorenzo del Escorial, el Teatro Campoamor de Oviedo, el Teatro Kursaal de San Sebastián, el Teatro Romano de Verona (Italia), el Festival Porta Ferrada de Sant Feliu de Guíxols, la Ópera de Vichy (Francia) y el Palacio de Festivales de Santander.


A Sevilla llega precedida de críticas muy poco halagüeñas, en algún caso francamente furibundas. He aquí un par de muestras. Roger Salas (El País, 2.9.2017) escribe: “Ullate […] repite obstinadamente fórmulas viejas o ajenas y yerra del todo. Esta vez es confuso, oscuro, suena a improvisado y caótico, no hay desarrollo de personajes y la atmósfera, cercana al cabaret sicalíptico, resulta de profusa afectación gratuita […] todo se sacrifica tristemente a la búsqueda de una espectacularidad fácil, expeditiva, por momentos vulgar”. Por su parte, José Catalán Deus (Guía cultural, 1.9.2017) dice: “Ullate se aleja de los tópicos clásicos del personaje. Pero queriendo encontrar 'una Carmen del siglo XXI' cae en los tópicos de la cultura gay, en una amalgama de ideología LGBT (Lesbianas, Gais,​ Bisexuales y Transexuales) con el culto a la compraventa de sexo y la admiración por la industria del glamour y el marujeo mediático”.




Ullate deja muy claro cuáles son sus intenciones: recrear una nueva Carmen y situarla en un espacio atemporal en el que no exista ninguna referencia a Andalucía (gitanos, toreros, bandoleros, abanicos…). Su meta es llegar así a la esencia misma de la personalidad de Carmen y crear un ambicioso espectáculo de danza que supere las limitaciones de un ballet a la antigua usanza. El resultado es una Carmen que poco o nada tiene que ver con la de Merimée y que él intenta además convertirla en icono de la libertad de la mujer.

En su búsqueda de espectacularidad la obra se inicia con unas imágenes de Eduardo Lao rodadas en la madrileña sede de la SGAE. Por sus escaleras bajan al estilo de las antiguas pasarelas revisteriles unas modelos luciendo los glamorosos figurines de Ana Güell. Bailarinas que pasan de la proyección al escenario y del escenario a la proyección como si tal cosa. Después, la escenografía de Paco Azorín se transforma en imágenes fijas acordes con el  pretendido desarrollo argumental. Creo que la reconstrucción de la nave carcelaria es una de las más logradas.




Aunque se echa en falta una progresión argumental de hechos y personajes —la obra resulta deslavazada y repetitiva—, no faltan momentos bastante logrados. La actuación de Lucía Lacarra y sus pas à deux con Josué Ullate alcanza cotas de excepcionalidad. Algunas de las evoluciones del magnífico cuerpo de baile*, gracias a la indudable maestría de los bailarines, conforman también excelentes pasajes.

Lástima que esta “Carmen” no haya sido el ansiado triunfo coreográfico de un excelente bailarín como Víctor Ullate.

                                                                                                 Eulalia Pablo

                                                                                         Fotografías de Archivo


* Bailarinas: Elena Diéguez, Manuela Medeiros, Cosima Muñoz, Kana Nishiue, Keiko Oishi, Nora Peinador, Kozue Tashiro, Serena Vitali, Samantha Vottari. Bailarines: Dorian Acosta (Muerte), Gianluca Battaglia, José Becerra, Alejandro Bretones, Mariano Cardano, Óscar Comesaña, Jordan Kindell, Gabriel Martínez, David Moya y Cristian Oliveri (Escamillo), Daniel Pacheco y Matthieu Quincey.


Soleá de Diego del Gastor, una pieza para marimba


Solo de marimba en soleá, con materiales de Diego del Gastor y Emilio Caracafé, en sol sostenido frigio (4 por arriba).